Siguiente salida.

          Alguien me preguntó, ¿Porqué escaparse?, la respuesta es fácil, durante el día no había tiempo para nada, solo dejaban la noche “libre” y lo pongo entre comillas, ya que el manual especificaba dos cosas: 1. Se debía estar en el hotel a las 10:00 PM y 2. “Los participantes que obstaculicen el programa serán despedidos y su salida del Japón queda bajo su responsabilidad”

          La primera la entiendo un poco, hay que dormir para levantarse temprano. Pero, todos éramos adultos responsables, así que si llegaba a las 3:00am tenía que levantarme de todas formas. La segunda daba miedo, pero con la primera escapada descubrí que los guías no se quedaban esperando a que regresáramos, así que era noche libre. Para poder ver las cosas que de otra forma no había manera.

          En esta escapada había más gente, María Cristina (Nicaragua), Andrea (Panamá), Noelia (Nicaragua) y Annalissa (Guatemala) la idea era ir a Shibuya, donde está Hachiko y es el megacentro famosete de Tokyo.

          Por deformación profesional tuve que tomar la siguiente foto, alguien leyendo manga en su móvil en el metro. Pero es que en Japón, hasta en las estaciones de metro hay kioscos para vender manga, se ve que todavía toman tiempo los viajes.

          En Shibuya la idea principal era ver la estatua del perrito y ese centro, después de eso cada quién iba a su bola. Nos hicimos las fotos obligadas en el lugar, conversamos sobre lo impresionante que era y de ahí cada uno por su lado.

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          Algo que encontré y me hubiese fascinado hacer era una llave, por desgracia no acostumbro a viajar con las llaves de la casa, para la próxima que pase por Japón me aseguraré de llevar un par.

          Previamente había contactado a Roger Ortuño Flamerich, quería ir a un restaurantito como esos que se ven en las películas, él me recomendó “Sake to sakana” a 1.5km del metro, pero que con fresquito y nocturnidad, las distancias se hacen cortas.

          Las chicas iban a otra cosa, pero María Cristina se apuntó a la “Sakéada”, además nos encontramos con Jonathan, Julibel (República Dominicana), Samuel y Oscar (El Salvador) que se unieron al peregrinaje.

          El lugar era lo que esperaba, pequeño, pero cálido, solo había dos mesas (ocupadas) y la barra donde nos sentamos haciendo casa llena. La Sra. Masako, a pesar del conflicto de idiomas nos dio una atención excelente, majísima, nos tomamos un par de copas, unas picadas y regresamos para atrás. Suena corto, pero duró su tiempo.

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          Al regreso encontramos “Mi Casita” que se escuchaba muy divertido cuando te acercabas a la puerta, pero no nos atrevimos a entrar.

          También decidimos parar por unos pescados, que hacía hambre y se sufría, pero nada que un buen Fugu no pueda curar.

          Como buenos extranjeros entramos por la estación equivocada del metro, así que a la salida aproveché para hacerme una última foto en el lugar. La publicidad en la estación no tenía desperdicio.

          Esto era el pasillo del metro, limpio y bonito, tuve el placer de entrar al baño y estaba más limpio que el de algunos hoteles y cines de Panamá. Eso dice mucho.

          Andrea y Noelia aprovecharon que varios fuimos para descansar un poco antes de tomar el Metro de vuelta al hotel. Aquí las líneas trabajan hasta media noche, por lo que siempre teníamos que estar jugando a la cenicienta.

          En la parada te informaban que el tren que acababa de llegar iba para garabato, garabato, garabato y el siguiente aparecería en 15 minutos (garabato) ese era el nuestro.

          Cuando llegó, resultó ser bastante largo, el vagón que quedó frente a mi era el 6, y atrás había cola.


© Logan VII 2017